HORA DE HABLAR

Hace unos cuatro años, cenando con Juan Acha importante sociólogo e investigador del arte en América   y en el curso de la charla, él comentaba: “... a los artistas argentinos les falta ser, a veces, un poco beligerantes...”

Y es cierto, en particular si tomamos como referencia a los plásticos. Si recordamos advertiremos que somos tan huidizos para las definiciones como pródigos en palabras que nos dejen bien parados.


Como para no desmentir aquello del “yo argentino".

Recuerdo a propósito de todo esto, que el año pasado escribía en estas mismas páginas, acerca de los mecanismos de seducción que disponen los sectores tradicionalmente dirigentes. Cómo tientan con sus modelos históricos y culturales. Cómo sutilmente nos advierten sobre la conveniencia de su aceptación. Quedar afuera implica tropiezos, olvidos, ausencia de prestigio social.

Lo apuntado hasta aquí se suma para cristalizar capacidad de acción de una buena parte de los plásticos argentinos. Son reacios o indiferentes a toda asociación o acción común. No arriesgan opiniones que puedan comprometerlos, parecen estar como "más allá del bien y del mal".

Claro está que todo esto tiene una excepción y es cuando coinciden con la cultura dominante: entonces son “tapa de revista".

De pronto como hombres piensan en un sentido y como artistas se comportan en forma contraria. Es el "doble discurso» del que tanto hoy hablamos.

Son como ángeles caídos. Satisfechos por los halagos o porque saben que lo “oficial” es en última instancia aquello que determina el curso de las obras de arte, su aceptación y comercialización, acusan una doble personalidad: una para la intimidad y otra para la actividad social. Como el tero, gritan en un lado y ponen el huevo en otro.

Recuerdo a un viejo profesor de Filosofía que decía más o menos esto: ...”lo infinito se refleja en lo finito, siempre que éste tenga claridad”... Y esto involucra tanto a los conceptos como a la vida misma.

Tener una opinión y darla sin cortapisa, sin especulaciones subalternas. Acusar un perfil definido y previsible, es una señal que la sociedad está necesitando.

Es lo que desde nuestra modesta ubicación en este costado del continente nos propusimos. Para eso las páginas de “El ojo del Río”, para que algunos concuerden y otros disientan.